Que una web se enshittifique no es un problema estético: es la conversión de un activo en un pasivo. Una página corporativa degradada no es neutral, porque cada día que sigue en línea destruye valor —ahuyenta a clientes con intención real de compra, erosiona la confianza que costó años construir y expone a la empresa a riesgos legales y reputacionales que ninguna pyme puede permitirse absorber. El término, acuñado por Cory Doctorow para describir el ciclo por el que las plataformas primero cuidan a sus usuarios, luego los explotan para favorecer a sus clientes comerciales y finalmente capturan todo el valor para sí mismas cuando desaparecen las fuerzas que las disciplinaban —competencia, regulación, capacidad de los usuarios de modificar la tecnología y poder de los trabajadores—, describe un patrón que ya no se limita a las grandes plataformas. La inteligencia artificial generativa no ha inventado la enshittification, pero la ha acelerado e industrializado: ha abaratado la producción de basura, ha automatizado la manipulación y ha empezado a secuestrar el tráfico del que dependen millones de webs. Este artículo parte de esa relación —IA y enshittification— y recorre lo que de verdad le cuesta a tu negocio.

Consecuencia económica: cuando la IA seca el flujo de ingresos

La web como vendedor principal: dónde se pierde el dinero antes del contacto

El primer efecto tangible de la degradación es financiero, y se produce mucho antes de que exista una conversación comercial. El comprador profesional completa hoy la mayor parte de su investigación de forma autónoma, de modo que la web se convierte en el vendedor principal durante la fase más decisiva del proceso. Si esa web está saturada de fricción artificial, formularios invasivos, ventanas emergentes y trampas de diseño, la venta se pierde antes de empezar. Y a diferencia de una plataforma monopolista, que puede maltratar a usuarios cautivos porque no tienen alternativa, una empresa B2B convencional no disfruta de ese escudo: su cliente potencial se marcha con un solo clic, y lo hace.

La ruptura del contrato del tráfico: AI Overviews y el desplome de clics

A esa fuga voluntaria se suma ahora una fuga estructural provocada por la propia IA. Durante dos décadas, el trato implícito de la web fue sencillo: los buscadores indexaban tu contenido y, a cambio, te enviaban visitantes. Las respuestas generativas rompen ese contrato, porque resuelven la consulta en la propia página de resultados y retienen al usuario sin enviarlo a ninguna parte. La investigación disponible es contundente: un análisis recogido por Ars Technica concluye que la presencia de resúmenes de IA reduce los clics hacia las webs casi a la mitad. Para un negocio que depende del tráfico orgánico como puerta de entrada de su embudo, esto no es una molestia: es la amputación de su principal canal de captación, y convierte cada inversión histórica en SEO en un activo cuyo retorno se evapora.

El coste real de la desconfianza: adquisición, retención y valor de vida del cliente

El coste no termina en la venta perdida. Reemplazar a un cliente que se marcha por desconfianza es mucho más caro que retenerlo, porque la pérdida directa se agrava con el coste de adquirir sustitutos y con la erosión del valor de vida del cliente. La enshittification, además, comprime los márgenes de forma acumulativa: cada patrón oscuro que fuerza una conversión a corto plazo genera cancelaciones, devoluciones y reputación negativa que encarecen toda captación futura. Lo que parece optimización de la conversión es, en realidad, una hipoteca sobre los ingresos de mañana. Existe también un coste de oportunidad que rara vez se contabiliza: mientras una empresa dedica recursos a exprimir cada visita, no los dedica a resolver el problema real de su cliente, y ese desplazamiento de la inversión desde la creación de valor hacia su extracción es, precisamente, lo que a escala de plataforma acaba vaciando el servicio.

Consecuencia de exclusión: la accesibilidad como amputación de mercado

Cuando la degradación de la experiencia degrada la accesibilidad

La lógica extractiva que degrada la experiencia degrada, casi siempre, la accesibilidad. Los mismos elementos que caracterizan a una web enshittificada —intersticiales que atrapan, contrastes pobres diseñados para ocultar el botón de rechazo, jerarquías visuales pensadas para confundir, contenido que se carga de forma errática— son exactamente los que expulsan a las personas que navegan con lector de pantalla, con teclado o con necesidades de contraste. La exclusión no suele ser una decisión deliberada, sino un daño colateral de priorizar la extracción sobre la claridad; pero el resultado para el usuario excluido es idéntico: no puede completar la tarea, y se marcha.

El rastreador (y ahora la IA) como «usuario ciego»: mala accesibilidad es mala visibilidad

Aquí conviene recordar un principio técnico que muchos responsables olvidan: el rastreador de un buscador es, a todos los efectos, un usuario ciego. Percibe la página igual que un lector de pantalla —a través de la estructura semántica, los textos alternativos y las etiquetas, no del artificio visual—, de modo que una web mal estructurada para la accesibilidad es también una web mal estructurada para el posicionamiento. Con la irrupción de los modelos generativos, ese principio se amplifica: los sistemas de IA que sintetizan respuestas extraen y citan contenido claro, estructurado y verificable, y descartan las páginas saturadas de fricción y artificio. La mala accesibilidad, que antes penalizaba el SEO, penaliza ahora también la citabilidad ante la IA.

El mercado invisible: cuánto negocio se pierde por excluir

El coste de esta exclusión es un mercado invisible pero cuantificable. Una parte significativa de la población convive con alguna forma de discapacidad, y a ella se suman las situaciones temporales o contextuales —una conexión lenta, una pantalla al sol, una mano ocupada— que hacen que la accesibilidad beneficie, en realidad, a todo el mundo. Cada barrera que una web añade en nombre de la extracción es un segmento de clientes que se descarta de antemano. En términos de negocio, la accesibilidad no es un gasto de cumplimiento: es la diferencia entre dirigirse a todo el mercado o renunciar voluntariamente a una parte de él.

Consecuencia regulatoria: del diseño engañoso —humano y algorítmico— a la sanción

De zona gris a objetivo regulatorio: el giro de las autoridades

Durante años, los patrones oscuros habitaron una zona gris: molestos, pero raramente sancionados. Ese tiempo se ha acabado. Los reguladores de todo el mundo han pasado a considerar el diseño engañoso una práctica desleal perseguible, y han empezado a coordinarse para documentarla y sancionarla. La Federal Trade Commission, junto a redes internacionales de autoridades de consumo y privacidad ha publicado revisiones que constatan el uso extendido de patrones oscuros en servicios de suscripción y en la gestión de la privacidad, y ha advertido de que estas prácticas incumplen la normativa de protección del consumidor. Lo que ayer era una táctica de conversión hoy es un riesgo jurídico con nombre y expediente.

Dark patterns dirigidos a máquinas: manipulación de la IA y «envenenamiento» de recomendaciones

La IA ha abierto un frente nuevo en este terreno. Los patrones oscuros ya no se dirigen solo a engañar a personas, sino también a manipular a los sistemas de IA que median entre la empresa y el cliente. Han aparecido tácticas como el envenenamiento de recomendaciones —instrucciones ocultas en una página para que un asistente priorice los productos de quien las inserta— o la creación masiva de cuentas falsas para inflar las menciones que los modelos recogen como señal de autoridad. Es la misma lógica extractiva de siempre, pero automatizada y dirigida a la máquina; y es igual de perseguible, porque engañar al intermediario algorítmico para inducir al consumidor a error encaja de lleno en la definición de práctica desleal que los reguladores ya vigilan.

El riesgo asimétrico: por qué la pyme hereda el peligro sin el blindaje

El peligro es profundamente asimétrico. Una gran plataforma puede permitirse absorber una multa, litigar durante años y diluir el daño reputacional entre millones de usuarios cautivos. Una pyme, no. Hereda el mismo marco normativo y el mismo escrutinio, pero sin la capacidad financiera de encajar la sanción ni la base de usuarios que le permita sobrevivir a la pérdida de confianza. Copiar los patrones de las grandes plataformas —porque «funcionan»— es, para una empresa pequeña o mediana, importar un riesgo que no puede permitirse y renunciar al único activo que la diferencia: la confianza.

Consecuencia reputacional: el capital de confianza en la era del «AI slop»

La confianza como interés compuesto

La reputación funciona como el interés compuesto: se acumula despacio, a lo largo de años de interacciones honestas, y se destruye en un instante. Cada patrón oscuro, cada dato usado sin consentimiento claro, cada obstáculo colocado para retener a quien quiere marcharse, es una retirada de esa cuenta de confianza. Y a diferencia del dinero, la confianza perdida no se recupera con una campaña: exige volver a demostrar, durante mucho tiempo, un comportamiento coherente. En un entorno donde el usuario desconfía por defecto, la honestidad del diseño ha dejado de ser una virtud blanda para convertirse en una ventaja competitiva medible.

AI slop: el ruido generado por IA que entierra la señal

A esa erosión se suma un fenómeno nuevo que agrava la crisis de confianza de toda la web: el llamado AI slop, la avalancha de contenido generado en masa por IA sin verificación ni valor real. El problema no es marginal: WIRED ha documentado casos en los que el buscador llegó a posicionar spam generado por IA por encima de reportajes originales, enterrando la señal bajo el ruido. Para una empresa honesta, esto tiene una consecuencia doble: por un lado, su contenido de calidad compite contra un volumen ilimitado de imitaciones baratas; por otro, la desconfianza generalizada del usuario hacia todo lo que parece automático contamina también la percepción de su marca. En un ecosistema saturado de basura, parecer humano y fiable se convierte en un diferencial escaso.

IA sin explicabilidad ni citas fiables: la desconfianza de fondo

La propia mediación de la IA introduce una capa adicional de desconfianza. Cuando un modelo resume, recomienda o cita, rara vez explica por qué, y con demasiada frecuencia se equivoca al hacerlo: un estudio del Tow Center recogido por Nieman Lab halló que los motores de búsqueda de IA fallaban al producir citas correctas en más del 60% de las pruebas. Para una empresa, esto significa que su reputación puede quedar en manos de un intermediario opaco que la describe mal, la atribuye a la fuente equivocada o la mezcla con contenido de terceros sin control posible. La única defensa estructural es construir una presencia tan clara, verificable y coherente que sea difícil de tergiversar, tanto para un humano como para una máquina.

La enshittification de la propia IA: el patrón que se repite

Fase «buena para el usuario»: por qué no durará bajo presión de rentabilidad

Conviene mirar un paso más allá, porque la IA no es solo un agente que acelera la enshittification de la web: es una candidata a sufrir su propio ciclo de degradación. Hoy, en buena medida, las herramientas de IA están en su fase amable, la de «ser buenas para el usuario», subvencionadas por capital que busca crecimiento antes que rentabilidad. Pero esa fase es, por diseño, transitoria. La presión por recuperar inversiones colosales llegará, y con ella la tentación de exprimir a una base de usuarios que, para entonces, ya estará atrapada.

Lock-in y extracción: recomendaciones de pago, subidas de precio y uso de tus datos

El patrón es predecible porque ya lo hemos visto. Un análisis de WIRED sobre si la IA puede escapar de la trampa de la enshittification describe con claridad la secuencia probable: una vez que los usuarios están enganchados, las recomendaciones pueden empezar a orientarse hacia quien paga por visibilidad, los precios pueden subir para mantener la misma calidad de respuesta, y las conversaciones de los usuarios pueden pasar a alimentar el entrenamiento de nuevos modelos simplemente porque las empresas pueden hacerlo. El coste elevado de desarrollar modelos punteros garantiza, además, que solo unas pocas compañías dominen el espacio, lo que multiplica la dependencia y reduce el margen de fuga del usuario.

Qué significa para una empresa que construye sobre plataformas de IA

Para una empresa, la lección es estratégica: construir todo el negocio sobre una plataforma de IA de terceros es reproducir la misma vulnerabilidad que llevó a tantos editores a depender del tráfico de un único buscador. Cuando la fase amable termine, las reglas cambiarán unilateralmente, y quien haya cedido su relación con el cliente al intermediario descubrirá que ya no controla su propio canal. La defensa consiste en usar la IA como herramienta sin entregarle el activo esencial —la relación directa y la confianza del cliente—, de modo que un cambio en las condiciones de la plataforma no equivalga a perder el negocio.

SEO/GEO: la coherencia entre respetar al usuario y ser visible ante humanos e IA

Contenido people-first: diseñar contra la enshittification es diseñar a favor del SEO

La buena noticia es que la defensa contra todo lo anterior coincide con lo que ya premia el posicionamiento. Los buscadores llevan años recompensando el contenido útil, fiable y centrado en las personas, y penalizando precisamente las prácticas que caracterizan a la web degradada. Diseñar contra la enshittification es, por tanto, diseñar a favor del SEO. La documentación de referencia sobre diseño ético, como la que recopila Smashing Magazine, muestra que las decisiones que respetan al usuario —claridad, ausencia de trampas, jerarquía honesta, accesibilidad real— tienden a alinearse con las que mejoran el rendimiento orgánico. No hay que elegir entre ética y visibilidad: son, cada vez más, la misma cosa.

Ser citable por una IA sin caer en la manipulación: legibilidad, honestidad y estructura

En la era de los motores generativos y la optimización para IA (lo que ya se llama GEO), esa alineación se vuelve todavía más decisiva. Los modelos que sintetizan respuestas extraen y citan contenido claro, estructurado y verificable, y la tentación de manipularlos con las tácticas descritas antes —envenenamiento de recomendaciones, granjas de menciones— es un atajo que los reguladores y las propias plataformas ya persiguen y penalizan. La vía sostenible es la contraria: estructurar el contenido en bloques semánticos claros, responder preguntas explícitas, mantener la información honesta y verificable, y hacer que la propia web sea fácil de entender tanto para una persona como para un modelo. Ser citable por una IA y respetar al usuario no son objetivos en tensión, sino el mismo trabajo bien hecho.

En conclusión, recuperar la confianza es la decisión más rentable

El rechazo creciente de los usuarios y la nostalgia por una internet más pequeña, comunitaria y honesta no son un sentimentalismo sin importancia comercial, sino una señal de mercado que indica hacia dónde se está desplazando el valor. Y la tesis de fondo es esperanzadora: la enshittification es reversible, porque es consecuencia de decisiones, no de leyes inmutables. A escala de plataforma, la solución pasa por restaurar la competencia, la regulación, la interoperabilidad y el poder de los trabajadores; a escala de una web corporativa, la lógica es idéntica y mucho más accionable, porque cada empresa puede decidir, hoy, dejar de aplicar las tácticas que degradan la experiencia y recuperar así la confianza que el resto del ecosistema está tirando por la borda. Cada formulario, cada banner de cookies y cada temporizador es un voto a favor o en contra de esa degradación, y negarse a participar en ella ha dejado de ser una postura ética para convertirse en la decisión estratégica más rentable a medio y largo plazo. Para las empresas que buscan construir o recuperar una web que trate a sus clientes como personas —y que, precisamente por eso, funcione mejor ante los buscadores y la IA—, contar con un enfoque de marketing B2B basado en la honestidad, la claridad y la estrategia es hoy una ventaja competitiva por delante de la extracción.

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¿Listo para conseguir clientes
en la Era de la IA?

Hacemos un análisis profundo de tu presencia en IAs y te contamos qué oportunidades estás dejando pasar.

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en la Era de la IA?

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AlexandraValluger

Politóloga con experiencia en consultoría, comunicación corporativa y gestión de proyectos públicos y privados. Especialista en estrategia, marketing digital y transformación organizativa. Centro en la innovación y la creación de narrativas que conecten tecnología, personas y organizaciones.

Que una web se enshittifique no es un problema estético: es la conversión de un activo en un pasivo. Una página corporativa degradada no es neutral, porque cada día que sigue en línea destruye valor —ahuyenta a clientes con intención real de compra, erosiona la confianza que costó años construir y expone a la empresa a riesgos legales y reputacionales que ninguna pyme puede permitirse absorber. El término, acuñado por Cory Doctorow para describir el ciclo por el que las plataformas primero cuidan a sus usuarios, luego los explotan para favorecer a sus clientes comerciales y finalmente capturan todo el valor para sí mismas cuando desaparecen las fuerzas que las disciplinaban —competencia, regulación, capacidad de los usuarios de modificar la tecnología y poder de los trabajadores—, describe un patrón que ya no se limita a las grandes plataformas. La inteligencia artificial generativa no ha inventado la enshittification, pero la ha acelerado e industrializado: ha abaratado la producción de basura, ha automatizado la manipulación y ha empezado a secuestrar el tráfico del que dependen millones de webs. Este artículo parte de esa relación —IA y enshittification— y recorre lo que de verdad le cuesta a tu negocio.

Consecuencia económica: cuando la IA seca el flujo de ingresos

La web como vendedor principal: dónde se pierde el dinero antes del contacto

El primer efecto tangible de la degradación es financiero, y se produce mucho antes de que exista una conversación comercial. El comprador profesional completa hoy la mayor parte de su investigación de forma autónoma, de modo que la web se convierte en el vendedor principal durante la fase más decisiva del proceso. Si esa web está saturada de fricción artificial, formularios invasivos, ventanas emergentes y trampas de diseño, la venta se pierde antes de empezar. Y a diferencia de una plataforma monopolista, que puede maltratar a usuarios cautivos porque no tienen alternativa, una empresa B2B convencional no disfruta de ese escudo: su cliente potencial se marcha con un solo clic, y lo hace.

La ruptura del contrato del tráfico: AI Overviews y el desplome de clics

A esa fuga voluntaria se suma ahora una fuga estructural provocada por la propia IA. Durante dos décadas, el trato implícito de la web fue sencillo: los buscadores indexaban tu contenido y, a cambio, te enviaban visitantes. Las respuestas generativas rompen ese contrato, porque resuelven la consulta en la propia página de resultados y retienen al usuario sin enviarlo a ninguna parte. La investigación disponible es contundente: un análisis recogido por Ars Technica concluye que la presencia de resúmenes de IA reduce los clics hacia las webs casi a la mitad. Para un negocio que depende del tráfico orgánico como puerta de entrada de su embudo, esto no es una molestia: es la amputación de su principal canal de captación, y convierte cada inversión histórica en SEO en un activo cuyo retorno se evapora.

El coste real de la desconfianza: adquisición, retención y valor de vida del cliente

El coste no termina en la venta perdida. Reemplazar a un cliente que se marcha por desconfianza es mucho más caro que retenerlo, porque la pérdida directa se agrava con el coste de adquirir sustitutos y con la erosión del valor de vida del cliente. La enshittification, además, comprime los márgenes de forma acumulativa: cada patrón oscuro que fuerza una conversión a corto plazo genera cancelaciones, devoluciones y reputación negativa que encarecen toda captación futura. Lo que parece optimización de la conversión es, en realidad, una hipoteca sobre los ingresos de mañana. Existe también un coste de oportunidad que rara vez se contabiliza: mientras una empresa dedica recursos a exprimir cada visita, no los dedica a resolver el problema real de su cliente, y ese desplazamiento de la inversión desde la creación de valor hacia su extracción es, precisamente, lo que a escala de plataforma acaba vaciando el servicio.

Consecuencia de exclusión: la accesibilidad como amputación de mercado

Cuando la degradación de la experiencia degrada la accesibilidad

La lógica extractiva que degrada la experiencia degrada, casi siempre, la accesibilidad. Los mismos elementos que caracterizan a una web enshittificada —intersticiales que atrapan, contrastes pobres diseñados para ocultar el botón de rechazo, jerarquías visuales pensadas para confundir, contenido que se carga de forma errática— son exactamente los que expulsan a las personas que navegan con lector de pantalla, con teclado o con necesidades de contraste. La exclusión no suele ser una decisión deliberada, sino un daño colateral de priorizar la extracción sobre la claridad; pero el resultado para el usuario excluido es idéntico: no puede completar la tarea, y se marcha.

El rastreador (y ahora la IA) como «usuario ciego»: mala accesibilidad es mala visibilidad

Aquí conviene recordar un principio técnico que muchos responsables olvidan: el rastreador de un buscador es, a todos los efectos, un usuario ciego. Percibe la página igual que un lector de pantalla —a través de la estructura semántica, los textos alternativos y las etiquetas, no del artificio visual—, de modo que una web mal estructurada para la accesibilidad es también una web mal estructurada para el posicionamiento. Con la irrupción de los modelos generativos, ese principio se amplifica: los sistemas de IA que sintetizan respuestas extraen y citan contenido claro, estructurado y verificable, y descartan las páginas saturadas de fricción y artificio. La mala accesibilidad, que antes penalizaba el SEO, penaliza ahora también la citabilidad ante la IA.

El mercado invisible: cuánto negocio se pierde por excluir

El coste de esta exclusión es un mercado invisible pero cuantificable. Una parte significativa de la población convive con alguna forma de discapacidad, y a ella se suman las situaciones temporales o contextuales —una conexión lenta, una pantalla al sol, una mano ocupada— que hacen que la accesibilidad beneficie, en realidad, a todo el mundo. Cada barrera que una web añade en nombre de la extracción es un segmento de clientes que se descarta de antemano. En términos de negocio, la accesibilidad no es un gasto de cumplimiento: es la diferencia entre dirigirse a todo el mercado o renunciar voluntariamente a una parte de él.

Consecuencia regulatoria: del diseño engañoso —humano y algorítmico— a la sanción

De zona gris a objetivo regulatorio: el giro de las autoridades

Durante años, los patrones oscuros habitaron una zona gris: molestos, pero raramente sancionados. Ese tiempo se ha acabado. Los reguladores de todo el mundo han pasado a considerar el diseño engañoso una práctica desleal perseguible, y han empezado a coordinarse para documentarla y sancionarla. La Federal Trade Commission, junto a redes internacionales de autoridades de consumo y privacidad ha publicado revisiones que constatan el uso extendido de patrones oscuros en servicios de suscripción y en la gestión de la privacidad, y ha advertido de que estas prácticas incumplen la normativa de protección del consumidor. Lo que ayer era una táctica de conversión hoy es un riesgo jurídico con nombre y expediente.

Dark patterns dirigidos a máquinas: manipulación de la IA y «envenenamiento» de recomendaciones

La IA ha abierto un frente nuevo en este terreno. Los patrones oscuros ya no se dirigen solo a engañar a personas, sino también a manipular a los sistemas de IA que median entre la empresa y el cliente. Han aparecido tácticas como el envenenamiento de recomendaciones —instrucciones ocultas en una página para que un asistente priorice los productos de quien las inserta— o la creación masiva de cuentas falsas para inflar las menciones que los modelos recogen como señal de autoridad. Es la misma lógica extractiva de siempre, pero automatizada y dirigida a la máquina; y es igual de perseguible, porque engañar al intermediario algorítmico para inducir al consumidor a error encaja de lleno en la definición de práctica desleal que los reguladores ya vigilan.

El riesgo asimétrico: por qué la pyme hereda el peligro sin el blindaje

El peligro es profundamente asimétrico. Una gran plataforma puede permitirse absorber una multa, litigar durante años y diluir el daño reputacional entre millones de usuarios cautivos. Una pyme, no. Hereda el mismo marco normativo y el mismo escrutinio, pero sin la capacidad financiera de encajar la sanción ni la base de usuarios que le permita sobrevivir a la pérdida de confianza. Copiar los patrones de las grandes plataformas —porque «funcionan»— es, para una empresa pequeña o mediana, importar un riesgo que no puede permitirse y renunciar al único activo que la diferencia: la confianza.

Consecuencia reputacional: el capital de confianza en la era del «AI slop»

La confianza como interés compuesto

La reputación funciona como el interés compuesto: se acumula despacio, a lo largo de años de interacciones honestas, y se destruye en un instante. Cada patrón oscuro, cada dato usado sin consentimiento claro, cada obstáculo colocado para retener a quien quiere marcharse, es una retirada de esa cuenta de confianza. Y a diferencia del dinero, la confianza perdida no se recupera con una campaña: exige volver a demostrar, durante mucho tiempo, un comportamiento coherente. En un entorno donde el usuario desconfía por defecto, la honestidad del diseño ha dejado de ser una virtud blanda para convertirse en una ventaja competitiva medible.

AI slop: el ruido generado por IA que entierra la señal

A esa erosión se suma un fenómeno nuevo que agrava la crisis de confianza de toda la web: el llamado AI slop, la avalancha de contenido generado en masa por IA sin verificación ni valor real. El problema no es marginal: WIRED ha documentado casos en los que el buscador llegó a posicionar spam generado por IA por encima de reportajes originales, enterrando la señal bajo el ruido. Para una empresa honesta, esto tiene una consecuencia doble: por un lado, su contenido de calidad compite contra un volumen ilimitado de imitaciones baratas; por otro, la desconfianza generalizada del usuario hacia todo lo que parece automático contamina también la percepción de su marca. En un ecosistema saturado de basura, parecer humano y fiable se convierte en un diferencial escaso.

IA sin explicabilidad ni citas fiables: la desconfianza de fondo

La propia mediación de la IA introduce una capa adicional de desconfianza. Cuando un modelo resume, recomienda o cita, rara vez explica por qué, y con demasiada frecuencia se equivoca al hacerlo: un estudio del Tow Center recogido por Nieman Lab halló que los motores de búsqueda de IA fallaban al producir citas correctas en más del 60% de las pruebas. Para una empresa, esto significa que su reputación puede quedar en manos de un intermediario opaco que la describe mal, la atribuye a la fuente equivocada o la mezcla con contenido de terceros sin control posible. La única defensa estructural es construir una presencia tan clara, verificable y coherente que sea difícil de tergiversar, tanto para un humano como para una máquina.

La enshittification de la propia IA: el patrón que se repite

Fase «buena para el usuario»: por qué no durará bajo presión de rentabilidad

Conviene mirar un paso más allá, porque la IA no es solo un agente que acelera la enshittification de la web: es una candidata a sufrir su propio ciclo de degradación. Hoy, en buena medida, las herramientas de IA están en su fase amable, la de «ser buenas para el usuario», subvencionadas por capital que busca crecimiento antes que rentabilidad. Pero esa fase es, por diseño, transitoria. La presión por recuperar inversiones colosales llegará, y con ella la tentación de exprimir a una base de usuarios que, para entonces, ya estará atrapada.

Lock-in y extracción: recomendaciones de pago, subidas de precio y uso de tus datos

El patrón es predecible porque ya lo hemos visto. Un análisis de WIRED sobre si la IA puede escapar de la trampa de la enshittification describe con claridad la secuencia probable: una vez que los usuarios están enganchados, las recomendaciones pueden empezar a orientarse hacia quien paga por visibilidad, los precios pueden subir para mantener la misma calidad de respuesta, y las conversaciones de los usuarios pueden pasar a alimentar el entrenamiento de nuevos modelos simplemente porque las empresas pueden hacerlo. El coste elevado de desarrollar modelos punteros garantiza, además, que solo unas pocas compañías dominen el espacio, lo que multiplica la dependencia y reduce el margen de fuga del usuario.

Qué significa para una empresa que construye sobre plataformas de IA

Para una empresa, la lección es estratégica: construir todo el negocio sobre una plataforma de IA de terceros es reproducir la misma vulnerabilidad que llevó a tantos editores a depender del tráfico de un único buscador. Cuando la fase amable termine, las reglas cambiarán unilateralmente, y quien haya cedido su relación con el cliente al intermediario descubrirá que ya no controla su propio canal. La defensa consiste en usar la IA como herramienta sin entregarle el activo esencial —la relación directa y la confianza del cliente—, de modo que un cambio en las condiciones de la plataforma no equivalga a perder el negocio.

SEO/GEO: la coherencia entre respetar al usuario y ser visible ante humanos e IA

Contenido people-first: diseñar contra la enshittification es diseñar a favor del SEO

La buena noticia es que la defensa contra todo lo anterior coincide con lo que ya premia el posicionamiento. Los buscadores llevan años recompensando el contenido útil, fiable y centrado en las personas, y penalizando precisamente las prácticas que caracterizan a la web degradada. Diseñar contra la enshittification es, por tanto, diseñar a favor del SEO. La documentación de referencia sobre diseño ético, como la que recopila Smashing Magazine, muestra que las decisiones que respetan al usuario —claridad, ausencia de trampas, jerarquía honesta, accesibilidad real— tienden a alinearse con las que mejoran el rendimiento orgánico. No hay que elegir entre ética y visibilidad: son, cada vez más, la misma cosa.

Ser citable por una IA sin caer en la manipulación: legibilidad, honestidad y estructura

En la era de los motores generativos y la optimización para IA (lo que ya se llama GEO), esa alineación se vuelve todavía más decisiva. Los modelos que sintetizan respuestas extraen y citan contenido claro, estructurado y verificable, y la tentación de manipularlos con las tácticas descritas antes —envenenamiento de recomendaciones, granjas de menciones— es un atajo que los reguladores y las propias plataformas ya persiguen y penalizan. La vía sostenible es la contraria: estructurar el contenido en bloques semánticos claros, responder preguntas explícitas, mantener la información honesta y verificable, y hacer que la propia web sea fácil de entender tanto para una persona como para un modelo. Ser citable por una IA y respetar al usuario no son objetivos en tensión, sino el mismo trabajo bien hecho.

En conclusión, recuperar la confianza es la decisión más rentable

El rechazo creciente de los usuarios y la nostalgia por una internet más pequeña, comunitaria y honesta no son un sentimentalismo sin importancia comercial, sino una señal de mercado que indica hacia dónde se está desplazando el valor. Y la tesis de fondo es esperanzadora: la enshittification es reversible, porque es consecuencia de decisiones, no de leyes inmutables. A escala de plataforma, la solución pasa por restaurar la competencia, la regulación, la interoperabilidad y el poder de los trabajadores; a escala de una web corporativa, la lógica es idéntica y mucho más accionable, porque cada empresa puede decidir, hoy, dejar de aplicar las tácticas que degradan la experiencia y recuperar así la confianza que el resto del ecosistema está tirando por la borda. Cada formulario, cada banner de cookies y cada temporizador es un voto a favor o en contra de esa degradación, y negarse a participar en ella ha dejado de ser una postura ética para convertirse en la decisión estratégica más rentable a medio y largo plazo. Para las empresas que buscan construir o recuperar una web que trate a sus clientes como personas —y que, precisamente por eso, funcione mejor ante los buscadores y la IA—, contar con un enfoque de marketing B2B basado en la honestidad, la claridad y la estrategia es hoy una ventaja competitiva por delante de la extracción.

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